Héctor A. Gil Müller

Bienvenido a este espacio de reflexión, donde lo único que se pretende es que veamos las mismas realidades pero con diferentes ojos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Veterinario

Veterinario es el nombre dado al profesional habilitado para tratar las enfermedades de los animales, como todo profesional de la vida, esta se ocupa desde el nacimiento hasta la muerte. Sin embargo, no siempre ha sido así, esta es la sorprendente historia de una palabra:



En sus origenes los veterinarios se encargaban sólo de los animales viejos, veterinario proviene, al igual de palabras como vetusto o veterano, del latín vetus "viejo" o vetulus "viejecillo", derivada a su vez del indoerupeo wet "año".


Como todo imperio, el romano basaba su poder en la fuerza de las armas, cuidaba muy bien de los soldados que se retiraban por edad, los veteranos, quienes contaban con numerosos privilegios, tales como la concesión de la ciudadanía romana y el otorgamiento de tierras. Se cumplia con una publicidad eficaz para el engrosamiento de las tropas pues pocos oficios alcanzaban los méritos de estos soldados retirados. Como un soldado viejo ya no sirve para la guerra, lo mismo ocurría con los caballos viejos, los veterinus, que -a diferencia de los veteranos- no gozaban de privilegio alguno y eran destinados a la carga, sin embargo también eran participes de la gloria de las victorias y era bien visto los cuidados especiales que se les brindara.
Esos veterinae, veterinus que eran bestias viejas sufrian achaques por su edad, por lo que el honor de las batallas pasadas les merecía que sus amos motivaran el surgimiento de un nuevo profesional encargado de cuidar la salud de esos animales; el veterinaruis.


Fue sencillo extender el campo de acción a los animales sujetos a explotación comercial hasta hoy día en que participan todos los animales en diferentes edades.
fuente: la palabra del día

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jueves, 29 de julio de 2010

Dieta

Dieta ha sido una palabra muy común en nuestros tiempos, su uso no es exclusivo al régimen alimenticio como lo constataremos más adelante. Los tiempos actuales demandan una contrición y límite a los deseos, como quizá la misma "dieta" en su sentir más noble lo demanda.

Martín Lutero, en su peregrinar protestante, en 1521 fue obligado a comparecer ante la "Dieta de Worms", la cual, siguiendo las determinaciones de León X, lo condenó al destierro por hereje, de modo que debió recluirse en el castillo de Wartburg. En este sentido, "Dieta", con mayúscula, era el nombre que se daba al Parlamento de los reinos que formaban parte del Sacro Imperio Romano-Germánico.

La Dieta de Worms y la dieta alimenticia se designan con dos palabras distintas y de diferente etimología, aunque morfológicamente idénticas.

Dieta, en el sentido de aquello que a muchos, como a mí, nos hace falta, proviene del griego diaita "modo de vida", que se deriva a su vez, del verbo diaitan "regir uno su propia vida", "gobernarse", que pasó al bajo latín como diaeta, según reisgra Alfonso de Palencia en su Vocabulario. Poco a poco el término fue derivando en el: "regir la propia vida mediante un régimen alimenticio". Que novedoso entendimiento de la palabra una vez que sabemos que etimológicamente una dieta alimenticia implica controlar nuestra propia vida, sin que esta sea gobernada por el instito desmedido al comer.

La Dieta legislativa del Sacro Imperio tomó su nombre del latín dies "dia", que era no sólo el nombre de un día, sino también el de una reunión o el de una jornada de Asamblea y, más tarde, el de un Parlamento.

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