Héctor A. Gil Müller

Bienvenido a este espacio de reflexión, donde lo único que se pretende es que veamos las mismas realidades pero con diferentes ojos.

domingo, 16 de agosto de 2009

Tiempos dificiles

Tiempos difíciles
Héctor A. Gil Müller

Vivimos tiempos difíciles, donde cabalgan en el horizonte nuevos jinetes apocalípticos que amenazan a la mayor de las luminarias humanas, la esperanza. Inseguridad, Desempleo, Crisis, Insolvencia se unen a la enfermedad, guerra, muerte y hambre; Todos ellos, son rasgos comunes de una generación que abriga las bondades del futuro pero también las difíciles causas del mismo. Pero es que acaso ¿no es la humanidad medida por tiempos difíciles?. Son los tiempos inciertos los que generan las mayores transformaciones a nuestra sociedad. Es en la angustia donde el ingenio se apodera del tamiz de nuestras acciones.Son los momentos difíciles los que permiten a la humanidad, que como citó Pascal, es un hombre que perpetuamente crece y aprende, avanzar en un sendero de mejoría. La segunda Guerra Mundial sepultó esquemas jurídicos que hacían legítimas atrocidades impuestas por la soberanía. La hambruna y presiones tributarias del siglo XVIII animaron en los franceses a integrar nuevos esquemas políticos y bajo el estandarte de la revolución francesa, aparece el concepto de ciudadano sobre el de súbdito. Siglos coloniales en nuestro México nos impulsaron en novedades políticas, jurídicas y sociales que un lugar ocupan en el esquema globalizante.

Bien es cierto que cuando un texto se saque de contexto solo sirve de pretexto pero es la capacidad de asimilación de las duras pruebas las que nos permite fortalecer nuestro entorno.Cada situación desalentadora se integra con elementos capaces de modificar más que nuestro entorno, nuestra actitud. Cada enfermedad conlleva la expresión más noble de la fortaleza humana. Las crisis nos hacen mejores. No olvidemos que el peso de la historia es tanto que nuestra inamovilidad puede hundirnos. Vivimos en un mundo donde los tiempos difíciles son los que nos permiten avanzar, el duro trauma del nacimiento nos recuerda que sin un sobresalto no respiraríamos. Durante estos últimos meses hemos comprendido el concepto globalmente acuñado de “seguridad nacional” hemos visto amenazado desde diversos frentes nuestro estilo común de vida.Pero sobre esto, me parece correcto afirmar que la peor crisis sobre nosotros es aquella producida por el incumplimiento de nuestro menester, el olvido del oficio al que fuimos llamados, es verdad que el único juicio que debe pesar sobre nosotros sea la realización de nuestra vocación.¿Qué es lo que nos hace vencer el miedo?; pregunta difícil, pero si analizamos que el miedo se basa en la ignorancia de nuestra propia fuerza, se perfilan ante nosotros posibilidades infinitas.

Siempre en el más voraz de los fuegos se templa el mejor acero, ante el más feroz enemigo se generan los más fuertes héroes, cuando la tormenta arrecia la roca muestra su fortaleza, situaciones críticas vendrán pero en esos momentos deberemos reafirmar nuestro valor, atacar al miedo paralizante y así constituir la generación del cambio.Pero sobre esta angustia también se levanta el hombre contra su igual, y así como Hobbes afirmó que el hombre es el lobo del hombre, debemos concebir que; es el hombre el remedio del hombre, la posibilidad de mejorar está en nosotros mismos. La visión de la realidad se vuelve más detallada en la medida en que enfocamos un propósito. Y es ese conocimiento el refugio en tiempos tormentosos. Estamos impuestos a remediar los males siempre con algo de casualidad y olvidamos la cura de la causalidad, es decir, nos gusta que las consecuencias de otros corrijan lo que es nuestro menester corregir.

La educación y más aún el conocimiento, nos hace mejores y esa no es una frase simple, antes bien, es el escudo que presenta la humanidad ante su desbordante crecimiento. La educación en estos tiempos debe ser un ejercicio introspectivo, es decir que con las herramientas retrospectivas genere una prospectiva que nos ayude hoy. El diagnóstico nos permite ver un pronóstico que nos de una terapia de alcance.Las palabras y las ideas aún pueden cambiar el mundo, y esa es la riqueza de nuestra existencia, que nos levantemos ante la afrenta y valientes avancemos. Tiempo de crisis, tiempo de mostrar la casta que nos hace ser mejores.Hoy México vive tiempos tormentosos, y eso no lo dudamos, también el falso optimismo es una forma de cobardía, pero sin duda nuestros problemas no son mayores que los que tuvieron otras generaciones, pero para la historia, esa ruda amiga que solo se revela ante algunos iluminados, son nuestras victorias del tamaño de nuestros intentos, y así, estos tiempos son justos y cabales para nuestras fuerzas.

Y son estos tiempos que nos piden la prestancia de la paciencia, que es tan hija del corazón como lo es el valor, que nos piden la astucia producto de la razón como también lo es la inteligencia, apliquemos la sinceridad y la felicidad hermanas siempre de la empatía y la humildad de saber nuestras limitaciones pero con la madurez de conocer nuestras fuerzas. Y así pasados estos tiempos, donde se escucharán nuevas voces con nuevos acentos, menester de aquellos será revisar nuestras acciones. Que la historia no juzgue nuestra vida en vano, antes bien, que nos devuelva más de lo que hemos de entregar en estos tiempos difíciles.

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