Héctor A. Gil Müller

Bienvenido a este espacio de reflexión, donde lo único que se pretende es que veamos las mismas realidades pero con diferentes ojos.

sábado, 12 de marzo de 2011

Ignorancia

Ignoro muchas cosas, quizá todas, pero por más distraído que uno sea se revela al caminar las esperanzas del conocer. Pero, ¿No depende del propio ser, anidar en su espíritu las virtudes más nobles que otros han heredado para él?. No son los otros quienes deban imponernos la única reflexión, es de humanos y de humanos de bien pensar, cuestionarse y aspirar lograr es este mundo conocer.

¿En qué momento levantaremos escuelas con el sólo propósito de vencer la ignorancia? y aunque sea imposible erradicarla si convertirla en un dolor que motive la curiosidad.

Es de muchos sabido y de pocos comprendido que la ignorancia es un vicio que obnubila la razón y erradica la visión. La experiencia se impone como un remedio tardío porque si bien el tiempo es gran maestro, es natural que mate a todos sus alumnos. No podemos soportar más tiempo a la ignorancia que al conocimiento, como inquilino resulta ella muy platicadora pero sumamente costosa. Quienes se enamoran de la ignorancia están condenados a un matrimonio tranquilo pero infértil, con la única emoción que proponen las breves aventuras del sigiloso romántico que pretende en los brazos de otra acicalar el calor que no encuentra en el “hogar”.

Por ello y por muchas otras cosas no quiero ser ignorante, antes prefiero avanzar en una carrera infinita que quizá no llegue muy lejos, pero afirmar con mi voz aunque con otro acento, que si participé. Por ello:

Ignoro la historia de quien nombró “moco” al moco y mocozuelo al mocoso

Ignoro la solución a nuestra inseguridad, pero se la solución a nuestro miedo.

Ignoro que decir a un alumno cuando enfrenta exigente con un; si eso está mal entonces ¿Cómo solucionamos el pe…?

Ignoro qué quiere decir la cocinera del “changarro” que prodiga mi desayuno cuando le grita a la mesera “huele a Juárez”, se referirá al ilustre patricio, o a la tan citada para mal pero hermosa ciudad de Chihuahua, no lo sé.

Ignoro por qué los mexicanos no leen y se entregan a los rumores de unos y las vanaglorias de otros.

Ignoro por qué en este país el rico se siente tan débil como para pedir y el pobre tan fuerte como para exigir.

Ignoro por qué en México se transa y se avanza.

Este escrito resultó un ignórolo permanente, por ello alguien dirá que feo está el ignorolito. Pero poco importa, pues la pluma fue suficiente para saltar a la mente y despertar entre el aposento de la ignorancia esa curiosidad sana por conocer.

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